Antes de ser Premio Nobel, Gabriela Mistral fue Lucila Godoy, una niña de origen humilde que creció entre los cerros del Valle del Elqui, en Montegrande, donde su casa también era una pequeña escuela rural.
En una época en que educarse era un privilegio y los recursos escaseaban, su media hermana mayor, Emelina Molina, profesora rural, fue quien le enseñó a leer y escribir. Allí nació su amor por los libros y una vocación que cambiaría la vida de miles de niños.
Gabriela comenzó a enseñar siendo adolescente. No tuvo una formación normalista tradicional: se hizo maestra desde la experiencia y obtuvo su habilitación docente en 1910. Conoció de cerca la pobreza de las escuelas rurales y entendió que educar significaba mucho más que enseñar las primeras letras.
Nunca olvidó sus raíces. Desde el extranjero apoyó la creación de una biblioteca pública en Vicuña, trabajando junto a Pedro Moral Quemada y donando cientos de libros de su colección personal. También enviaba dinero para comprar zapatos y ropa a los niños de Montegrande.
No olvidemos su poema:
Piececitos de niño,
azulosos de frío,
¡cómo os ven y no os cubren,
Dios mío!
¡Piececitos heridos
por los guijarros todos,
ultrajados de nieves
y lodos!
El hombre ciego ignora
que por donde pasáis,
una flor de luz viva
dejáis;
que allí donde ponéis
la plantita sangrante,
el nardo nace más
fragante.
Sed, puesto que marcháis
por los caminos rectos,
heroicos como sois
perfectos.
Piececitos de niño,
dos joyitas sufrientes,
¡cómo pasan sin veros
las gentes!
Dónde con sus palabras en poema hace un reclamo social por aquellos niños con pies azulosos de frío que nadie veía, pero ella sí. Y con esa convicción de QUE EL FUTURO DE LOS NIÑOS ES HOY, consiguió ayuda para implementar su Escuela.
Gabriela Mistral nos dejó algo mucho más grande que sus poemas: la convicción de que la educación puede transformar una vida, incluso cuando parece que todo está en contra.
Hoy, en el Día del Profesor, desde Un Poco de Amor rendimos homenaje a Gabriela, a su hermana Emelina y a tantos profesores que, ayer y hoy, enseñan con vocación, esfuerzo y humanidad. También en este marco me pregunto ¿qué estamos enseñándoles al futuro de Chile?
Porque enseñar también es una de las formas más bonitas de entregar un poco de amor. ❤️ GRACIAS GABRIELA Y GRACIAS PROFES.
Les dejo este link, Camino a Gabriela Mistral, de donde extraje las imágenes para este homenaje.
foto 1: Gabriela en nuestra Patagonia.
foto 2: Con sus compañera y amigas, en quienes se inspiró para el poema Todas ibamos a ser reinas.
foto 3: 1899 el último año de Lucila Godoy en Montegrande, aparece vestida de negro a la derecha junto sus compañeros s y a su media hermana Ana Emelina Molina Alcayaga quien estaba a cargo de la Escuela
foto 4: En Nueva York